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EDEMA/ Colaboratorio de Arte Público: Ritos de Sanación Social
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EDEMA/ Colaboratorio de Arte Público: Ritos de Sanación Social
por Eduardo Flores Castillo


Abstract (English | Español)

 

¿Cuál es o debe ser el papel de la sexualidad en la esfera pública? ¿Qué significa actualmente el concepto de "igualdad entre géneros"? ¿Cómo se articulan estas batallas con el resto de los frentes por la libertad, la democracia y los derechos humanos? Estas son algunas de las preguntas que el colectivo EDEMA/ Colaboratorio de Arte Público planteó, consciente o inconscientemente, con su trabajo artístico-político.

Ciudad de México, 20 de abril de 2000. Es el primer aniversario de una huelga estudiantil en la Universidad Nacional (UNAM), que fue sofocada mediante la ocupación del campus con policía militar y el encarcelamiento de más de mil estudiantes. La Universidad está ocupada otra vez. Sobre la avenida llamada Universidad, una mujer (Ema Villanueva) se desviste hasta quedar en bikini y tacones altos, mientras un hombre (Eduardo Flores Castillo) le pinta el cuerpo de rojo y negro –en México, estos colores simbolizan cualquier huelga–, así como dos leyendas antipoliciales con pintura blanca. A su alrededor, diez colaboradores reparten propaganda.

pie de foto: Pasionaria (EDEMA/ Colaboratorio de Arte Público, México, 2000). Performance de primera plana. crédito: Eduardo Flores Castillo

Todos emprenden una caminata hacia el campus. Periódicamente se detienen y piden a los sorprendidos paseantes que escriban su opinión del movimiento estudiantil sobre el cuerpo manifestante; los colaboradores también escriben. Tras ocho kilómetros, el cuerpo totalmente cubierto de leyendas a favor y en contra de la huelga llega al campus, confronta pacífica pero firmemente a las fuerzas de ocupación –que no saben cómo reaccionar–, y se retira. Inmediatamente, medios masivos nacionales e internacionales (diarios y TV) reproducen la imagen millones de veces, haciendo hincapié en el atractivo sexual de la mujer; incluso la bautizan “Miss Huelga”.

EDEMA era el acrónimo de nuestros nombres (EDuardo Flores Castillo y EMA Villanueva), pero también es el término médico para una escoriación que señala un mal funcionamiento del organismo. Ese era nuestro objetivo: señalar puntos de dolor social.Colaboratorio de Arte Público es un método de creación colectiva, que realizamos con activistas, artistas y colaboradores de toda clase; significa laboratorio de colaboración.

14 de noviembre de 2000. Los strip-clubs tienen un crecimiento explosivo en México, lo cual genera discusiones públicas sobre moral social, además de enormes abusos laborales. La transmisión del noticiero nacional de televisión CNI Noticias comienza con un strip-tease realizado sorpresivamente sobre la mesa del coordinador editorial por una bailarina de table-dance (Ema). Mientras, colaboradores reparten panfletos acerca de derechos humanos en el comercio sexual. Este es el momento de mayor audiencia de dicho noticiero en ese año, y la imagen es repetida esporádicamente por el canal durante casi dos años más.

pie de foto: Sex Art (EDEMA/ Colaboratorio de Arte Público, México, 2000). Desnudando el table-dance. crédito: CRESTOMATIA. CNI Noticias, CNI, 2000.

 

Ema estaba totalmente comprometida con el apoyo solidario a causas con las que simpatizaba. Durante una presentación que realizó en el Segundo Encuentro del Instituto Hemisférico de Performance y Política, dijo: “Más que hablar de activismo, yo preferiría hablar de un compromiso con la libertad. [...] Lo que busco al hacer performance es generar un diálogo o promover la discusión sobre ciertos temas que me parecen importantes” 1. Sobre las razones de su elección del performance como vehículo de expresión, en otra ocasión explicó: “[c]uando conocí el performance, me di cuenta de que era una excelente manera de hablar de todas estas cosas que me interesaban, y de algún modo lograr ser escuchada. Básicamente, esa es la razón por la que hago performance” 2.

Dos de marzo de 2001. Una enorme campaña publicitaria llamada “Orgullosamente UNAM”, pregona que la Universidad recapturada ha recuperado su “espíritu” expulsando a los líderes de la huelga. Durante un festival cultural realizado en el patio exterior de la Facultad de Ciencias Políticas, aparece una estudiante (Ema) vestida de novia, con una banda que repite el slogan publicitario. Un hombre (Eduardo) vestido de traje emerge del público, luciendo en las solapas los símbolos oficiales de la Universidad. Le ofrece a la chica 500 pesos (unos 50 dólares). Ella recibe el dinero, y a cambio le practica sexo oral allí mismo, ostentando el “Orgullosamente UNAM” en su pecho y espalda. El acto es transmitido por la TV nacional, y genera semanas de discusiones en dicha facultad y otros foros. Las opiniones se polarizan incluso entre los performeros mexicanos: mientras unos evocan la pieza con admiración, otros pretenden que nunca ocurrió, convirtiéndolo en “el performance prohibido”.

pie de foto: Orgullosamente UNAM (EDEMA/ Colaboratorio de Arte Público, México, 2001). El performance prohibido.  crédito: Eduardo Flores Castillo.

 

En EDEMA, yo intentaba crear situaciones rituales que pudieran convertirse en referencias históricas, políticas y estéticas alternativas; imágenes insólitas que hicieran sentir al espectador callejero que podía ser autor de su propio entorno. Para ello confié en una sencilla fórmula: desatar en un espacio público un signo de atracción instintiva (el cuerpo femenino), revestido de un discurso político literal, y así provocar en el público reacciones inconscientes y conscientes al mismo tiempo. La combinación de los dos motivos principales de la represión cultural latinoamericana: la sexualidad (lo prohibido) y la política (lo peligroso), de forma pública, lúdica y libre de culpa, era una declaración poética y una visión utópica: la suma de las contradicciones que definen lo humano. Para el público era una experiencia desconcertante pero liberadora, que lo motivaba a imaginar otro tipo de relaciones sociales. Digo esto basándome en el cercano contacto personal que siempre tuvimos con las organizaciones con que colaborábamos, antes, durante y después de las piezas, con fines de investigación, realización y retroalimentación respectivamente, aspectos que para nosotros tenían igual importancia.

Nueve de junio de 2002. En el Zócalo, la plaza cívica más importante de México, hay un mitin semipermanente de la CNTE (un enorme sindicato magisterial independiente) que exige mejoras en la educación pública del país. En sus instalaciones, y con su colaboración y apoyo, un maestro (Eduardo) y una modelo desnuda (Ema) realizan una clase de dibujo artístico para los transeúntes. Junto con las instrucciones de dibujo, el maestro imparte una larga charla acerca de la libertad de expresión, y de cómo cada persona define lo que es posible y lo que no, simplemente haciéndolo. Durante casi 90 minutos, miles de personas contemplan el cuerpo desnudo frente a la Catedral Metropolitana y las oficinas del presidente de la república y del gobernador. Medios nacionales e internacionales reseñan el evento durante varios días, y obligan a varios políticos, entre ellos diputados conservadores locales y el gobernador izquierdista, a manifestar sus opiniones –completamente opuestas– acerca de los límites de la libertad de expresión.

pie de foto: Clase de dibujo libre (EDEMA/ Colaboratorio de Arte Público, México, 2002). Nótese la agresiva censura del noticiero a la imagen por medio de rectángulos negros. crédito: CRESTOMATIA. Hechos, TV Azteca, 2002.

Clase de Dibujo Libre (2000-2003) es un buen ejemplo de esta forma de trabajar. La pieza se presentó 35 veces en barrios marginados de las ciudades de México y Lima (Perú). Al principio el shock era absoluto: la gente se debatía entre el morbo, la incredulidad y la sorpresa, sopesando sin convencimiento la pertinencia de la indignación. Al cabo de un rato, la atención pasaba claramente de “la mujer desnuda” al diálogo que se establecía alrededor de los problemas de la comunidad, y una sensación de “poder ciudadano” dominaba paulatinamente el ambiente. A partir de un momento, se hacía evidente que el público había encontrado una inesperada confianza en su propia capacidad de juicio. Para mí, era por ese instante que toda la acción valía la pena. Hacia el final, la modelo tomaba un papel activo hablando también, y la gente la miraba a los ojos. Al terminar la acción, solicitábamos que, quien así lo deseara, nos regalara su opinión de su experiencia por escrito en un dibujo. La gran mayoría de los cientos de dibujos que reuníamos versaban sobre libertad de expresión y liberación personal. Los demás referían una experiencia estética de intensidad casi redentora.

La mezcla de lo político con lo erótico era algo caótica, pero eso la hacía poderosa, ya que permitía que cada quién redefiniera el signo de acuerdo a sus propios anhelos; y no en un plano aspiracional y distante, sino como una utopía personal vuelta realidad tangible. Las reacciones de los espectadores (desde sus comentarios hasta su lenguaje corporal, signos a los que yo estaba atento todo el tiempo), me indicaban que exploraban una suerte de percepción simultánea de todas las esferas de su vida –sexual, personal, política, social– integradas de forma sorpresiva y catártica, motivándolo a repensar muchas relaciones negativas que hasta entonces se resignaba a reproducir por considerarlas inevitables. Esto me parecía todo un proceso de sanación personal. Por eso me interesaba llevar esas imágenes a los medios masivos: quería usarlos como escenario para estos ritos de sanación social.

 

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