Enterrados en las tumbas de la conciencia social

Roberto Gutiérrez Varea

Entre todas las historias omitidas y las voces silenciadas en nuestra historia presente, destacan las masas de los inmigrantes de nuestros tiempos: exiliados, refugiados y desplazados que, por millones, se ven en la necesidad de dejar atrás su hogar, forzados por las políticas del poder. Años después, algunos de ellos adquieren el título romántico de “constructores de la nación”, o de peregrinos incansables con una indestructible ética del trabajo y la tendencia a sacrificar todo por el sueño de un nuevo comienzo. Sin embargo, la mayoría de ellos seguirá siendo, cuando mucho, una nota al pie de página en la historia de alguien más. En cuanto a los inmigrantes más vulnerables que en el continente americano, según las estadísticas, es la vasta mayoría, esta omisión se extiende incluso al ámbito físico de su vida cotidiana. Los cuerpos de los inmigrantes están escondidos en fábricas donde los explotan, desde Los Ángeles hasta Buenos Aires, y en las cocinas de restaurantes de todas partes, o trabajando en horarios nocturnos mientras el resto de nosotros duerme. Los productos del trabajo arduo están desasociados de los trabajadores que los producen y desaparecen de la consciencia social. El círculo de su negación está completamente cerrado.

La anulación a los trabajadores inmigrantes en nuestra consciencia sirve para lubricar la maquinaria de su explotación. Para asegurar que los inmigrantes cooperen, se han implementado políticas de inmigración que se basan en su detención, deportación e incluso criminalización (en los Estados Unidos, se encarga de su cumplimiento una agencia llamada “ICE” [Immigration and Customs Enforcement], cuyo nombre es una obra maestra de la gente que nos trajo su “justicia infinita” y su “destino manifiesto”).[1] Sin embargo, para que estas estrategias lleguen a millones de personas, dependen de un formidable aparato de propaganda. De los noticieros corporativos a los filmes de Hollywood, las fábricas de imágenes confeccionan estereotipos y representaciones distorsionadas del migrante que van del greaser, al amante con sabor, al comparsa morenito que nos hace reír, a nuestras Maids in Manhattan.[2] Hay de dos, o estas simplificaciones o una completa omisión de nuestro campo visual. Un ejemplo de lo último en los Estados Unidos podrá apreciarse en la serie de Ken Burns sobre la Segunda Guerra Mundial que, con el sello de la PBS, se transmitirá próximamente. El señor Burns, considerado por el mainstream estadounidense como el director de documentales más popular en vida, no sintió la necesidad de entrevistar siquiera uno de los aproximadamente quinientos mil latinos, incluyendo miles de latinoamericanos inmigrantes, que pelearon en “La Guerra”. Sólo con la indignación de miles de personas que se manifestaron en la campaña de “defensa del honor” se logró que el director hiciera algunos cambios menores. Burns se opuso rotundamente a hacerlos, arguyendo que ello dañaría la “integridad artística” de su film. Al final, parece que añadió unos veintitrés minutos a la épica de casi quince horas, donde entrevistaba a dos latinos y a un aborigen norteamericano. Éstos irán al final de un episodio y como concesión, antes de que salgan los créditos, como pie de página. Es de notar que originalmente se había programado la première para el 16 de septiembre, el día de la Independencia de México (la PBS recorrió la fecha para una semana después).

Este zeitgeist ha hecho que muchos de nosotros cuestionemos si el arte que producimos atiende la necesidad de representar a los inmigrantes en nuestros propios términos, a imaginar un mapa donde no seamos los desbarrancados del acantilado de la historia. ¿Cómo darnos a la tarea de crear un cuerpo de obras que hagan visible la experiencia inmigrante a ojos y conciencias y al mismo tiempo revele algunos de los mecanismos ocultos que la han hecho desaparecer? Al desarrollar Buried in the Body of Remembrance [Enterrados en el cuerpo del recuerdo], decidimos hacer el movimiento formal hacia una narrativa en varios niveles, y enfocar el contenido en el momento de la partida y la separación.

En la discusión de ideas para la pieza, le escribí desde Argentina a Violeta Luna: como inmigrantes, nuestra condena y nuestra libertad es estar en medio. Nuestro presente siempre se encuentra “en algún lugar en el camino”, siempre en construcción. Con pala en mano, cavamos las fosas para construir nuestros cimientos. Cavamos y cavamos hasta que nuestro mismo cuerpo adquiere la forma de la pala, y de la fosa misma. Cavamos para revelar y para enterrar. Nuestra obra colectiva, nuestras tumbas colectivas, nuestra memoria colectiva.

Violeta me respondió, desde México: Acciones: soy un hoyo, la mitad de mi cuerpo enterrado. Yo soy el acto de cavar, pero mientras cavo, también entierro cosas: unas cuantas fotos, unas tijeras, mis zapatos… me coso las fotos al cuerpo, como le hacíamos de niños, pero ahora cosidas a la piel, como si me tatuara los recuerdos. Recuerdos que son también heridas…y es como si lo hiciera Sísifo…

Contactamos por correo electrónico a Víctor para incluirlo en la conversación. Desde Grecia, donde estaba con Antígona, empezó a compartir sus ideas de mezclar videos y medios diversos y, para cuando David se unió desde San Francisco, los mensajes recorrían la mitad del globo terráqueo entre tres continentes. Las semillas de esta pieza sobre el acto de exiliarse, de partir,  de migrar, se sembraron en el espacio intermedio del ciberespacio.

Nuestro plan de trabajo reflejó las maneras en que los inmigrantes nos ayudamos cuando nos aventuramos en lugares desconocidos. Todos tomamos papeles específicos pero también metimos mano en todo lo demás. No teníamos jerarquías, trabajábamos con mucho respeto por el otro y, al mismo tiempo, nada era sagrado. Yo propuse el “recipiente conceptual”, y sugerí escenarios. Éstos se sometieron a discusión. Las imágenes que surgieron fueron nuestras muy personales respuestas que, al yuxtaponerse, evocaron otras lecturas y posibilidades. La obra de Violeta, una dramaturgia de acciones que recuerdan el trabajo, el juego y la violencia, con frecuencia se arraigaba en la voz de la madre de David, que narraba la historia de cuando cruzó la frontera desde El Salvador. Las Memory Boxes [Cajas de Recuerdos] de Víctor, como le gusta llamar a sus videos, recordaban juegos infantiles, excavaciones y redes para nuestras arqueologías personales. Estas excavaciones eran también las tumbas de los desaparecidos, intervenidas por una antropología forense performativa. El sonido de fantasmas eléctricos, la estática de los videos de Víctor dentro de una cabeza proyectada en la pared de un cementerio. Nuestro pasado violento: las manos de nuestra Antígona al desenterrar la cabeza parlante de la migrante. Nuestro violento presente: de la labor agrícola a las mujeres de Juárez. Desiertos y cruce de ríos: lo seco y lo mojado.

Todos los miembros de S&M vivimos en San Francisco, una ciudad con fama de ser abierta y de ser un santuario de la diferencia. Según el censo más reciente, cuatro de cada diez personas que viven aquí nacieron en el extranjero, pero muchos latinos, incluyéndome a mí, no fueron parte del conteo (igual que Ken Burns, el gobierno no me entrevistó a mí. Los censores transformaron el censo en censura). Para muchos de nosotros es obvio que la fama que tiene la ciudad de ser incluyente y compasiva es resultado directo del ethos inmigrante de la solidaridad. La mayoría de los inmigrantes llega de luchar y para luchar, y su plan de supervivencia no se basa en el interés personal y egoísta, sino más bien en una estrategia arraigada en el apoyo colectivo. Las tasas de criminalidad en los barrios inmigrantes son 45 por ciento más bajas que en las zonas habitadas por estadounidenses de tercera generación, por poner un ejemplo. Estamos concientes de que, al silenciar la voz del inmigrante, el poder censura del discurso público los valores mismos que podrían vulnerar su sistema económico, un sistema centrado en un canibalismo consumista y egocéntrico. Como artistas inmigrantes, estamos respondiendo a la necesidad de resistir los estereotipos, la difamación, o la vil desaparición de nuestro relato en la historia. En vez de eso, contribuimos a la construcción de una identidad que sea representativa de una conciencia inmigrante que es generosa, compasiva, y que alinea el desarrollo personal con el bienestar de la comunidad.

Traducción: María José Gómez

[1] “Ice” quiere decir hielo, y el ICE es la instancia que se encarga de ejecutar las políticas de inmigración y aduanas en Estados Unidos. Nota del traductor.

[2] Maid in Manhattan es el título de un film donde Jennifer López interpreta a una camarera inmigrante en un hotel de lujo en Nueva York. Se trata de un juego de palabras en el cual “maid”, que quiere decir mucama, suena como “made”, hecha. La muchacha logra redimirse, “hacerse” en Manhattan al enamorar a un Ralph Fiennes rico y distinguido. Nota del traductor.


Resources

On Ken Burns’ Controversy:
“Latinos' Battle With Burns Taken to 'War' Sponsors,” The Washington Post, May 3, 2007.

Gonzalez, Juan. “Hey Ken Burns, Why Shun Latinos?” Democracy Now.
http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/05/11/1719227
(accessed May 11, 2007)

Jenson, Elizabeth.PBS Supports Ken Burns Against Latinos' Complaints.” New York Times, August 26, 2007.

Defend the Honor Campaign: http://www.defendthehonor.org/
National Association of Hispanic Journalists (NAHJ): http://www.nahj.org
National Hispanic Media Coalition: http://www.nhmc.org

On the 2000 Census:
Hendricks, Tyche. All roads lead to the Bay Area: Number of foreign-born residents climbs to 27.5%.” San Francisco Chronicle. August 27, 2002.

Migration Policy Institute:
http://www.migrationinformation.org/

On crime rates in immigrant neighborhoods:
Sampson, Robert J. “Open Doors Don't Invite Criminals.” New York Times, March 11, 2006.

The Pew Research Center for the People and the Press, and thePew Hispanic Center. 2006. America’s Immigration Quandary. Pew Research Center.
http://pewhispanic.org/files/reports/63.pdf