Sensaciones y
pensamientos sobre Argentina, (mientras camino por mi ciudad)
A principios del
2.002 me pidieron de Theater der Welt un texto, que de alguna manera,
exprese mi percepción y mis sensaciones de este crítico
momento de mi país, Argentina.
Me interesó la propuesta. Escribir un texto entre biográfico
y periodístico,
me permitió escribir sobre esta enorme crisis, esta dolorosa
fisura que es mi país, en momentos donde la cercanía,
la incertidumbre y el caos permanente hace muy dificil cualquier otro
proceso de construcción artístico
Me dio la posibilidad de des- ahogarme
Por eso, con algunas correcciones, vuelvo a elegir este texto.
Theater der Welt.
(Texto original publicado por Revista Humboldt y diario de Colonia)
Vivo en Argentina.
En la ciudad de La Plata a 60 kms de Buenos Aires.
Camino por
las calles de esta ciudad y siento ahogo.
Hasta el año pasado, apenas unos meses atrás, a dos cuadras
de mi casa, funcionaba un comercio de distribución mayorista
textil de mi familia con 46
años de antigüedad.
Hoy no existe más.
Cuando yo nací
ese negocio familiar funcionaba en un pequeño local y fue creciendo
hasta llegar a dar trabajo a más de 30 personas.
Crecí viendo a mi padre trabajar en él.
Hoy, me duele ver a mi padre con 70 años poner a la venta ese
local.
Hasta el año pasado, decía. Apenas unos meses atrás.
En dos meses, en esta ciudad, cerraron más de 3.000 comercios.
Y en todo el país más de 72.000 y se perdieron 220.000
empleos. Caminar por mi ciudad hoy es ver cantidad de carteles con la
inscripción de SE VENDE o SE ALQUILA
.
Y (hoy, también),
apenas un poco menos habitual, es ver familias, de lo que era nuestra
clase media, revolviendo residuos domiciliarios.
Es que los pobres son otros.
(Los pobres de ahora), son los que hasta hace poco, todavía tenían
trabajo y algunas expectativas.
La Argentina que conocíamos ya no existe más.
Y los plazos posibles de acción son muy cortos: Si los hijos
de estos nuevos pobres, (de estos pobres de ahora), siguen viviendo
en esta miserabilidad, nuestro país ya no tendrá chance
de tener otro proyecto.
Argentina será un pobre país más de la pobre Latino
América, pero no unida a ella en su cultura y su potencial, sino
condenada a su atraso, su brutalidad y a su miseria.
O sea, Argentina,
que fue el rincón del mundo donde llegaron nuestros abuelos,
(venidos en ese momento de una hambrienta y dificil Europa), a proyectar
un futuro de trabajo y de paz. Argentina, que tuvo un sueño de
grandeza, de nación en crecimiento y una firme y casi soberbia
política de educación, se ha disuelto. Argentina ha reventado.
Y todas estas transformaciones las vamos incorporando con la misma velocidad
con que todo cambia.
Aunque este aceleramiento en grado extremo, próximo al vértigo,
haga todo, aún más difícil de entender.
(Argentina se ha convertido en un país extraño para nosotros,
argentinos. Un país extranjero. De eso hablaba en Ojos, Argentina
hoy es un país tan lejano e incomprensible como Rumania).
Esta miseria fusionada a lo cotidiano, la degradación de lo urbano,
el uso sistemático del abuso y la tortura policial; todo se incorpora
con esa prepotencia de lo real que hace que sea percibido casi con naturalidad,
con la única lógica del sobreviviente.
Así nos siento,
como sobrevivientes.
Sobrevivientes al límite del escándalo. Así
lo expresaba ya en mi obra Ojos de Ciervo Rumanos y así
lo verifico en una de las de las imágenes más poderosas
y crueles de estos tiempos, a la que también hizo referencia
mi amigo escritor, director y actor argentino, Rafael Spregelburd en
un interesante trabajo sobre lo real.
Febrero de 2.002.
Un camión que transporta vacas por una ruta de la provincia de
Santa Fé. El camión choca cerca de un poblado y la gente
se abalanza sobre el camión. Con cuchillos faenan las vacas vivas,
y huyen a sus casas con pedazos enormes, costillares sangrantes, colgando.
Es una imagen impresionante. El camión chocado, pedazos de carne
calientes en las manos de familias hambrientas, y las vacas vivas.
Más allá de si la escena fue real, mítica o creada
por los medios o alguna operación política, (precisamente
sobre manipulación y realidad de los hechos, era la interesante
reflexión de Rafael Spregelburd ).
Más allá aún de lo conmovedor, creo que la fuerza
de esta imagen está en la forma en que representa nuestro imaginario.
Hay algo en esta escena que refleja nuestra propia mirada como argentinos
y pone de relieve la inversión paradójica de nuestra imagen,
de nuestra identidad.
Hay algo inconsciente
presente en esta escena.
En principio vacas, carne, mataderos están en el nudo de nuestra
identidad, viene de lo histórico, de ese tiempo de gloria en
que fuimos graneros del mundo, (proveedores de alimentos) y proyecta
un futuro de miedos, (en tanto se piensa: un futuro de hambre).
Y vuelvo a La Plata, a 60 kms de Buenos Aires, que hasta los años
70 era una ciudad con gran concentración universitaria y prestigiosa
vida cultural y artística.
Tal vez por eso el Terrorismo de Estado cambió su aspecto para
siempre.
Ciudad de muchos desaparecidos.
Las casas de los militantes eran arrasadas y reconvertidas en pequeñas
plazas que de manera siniestra mezclaban los clásicos bancos,
juegos para niños y árboles pintados sobre lo único
que quedaba en pie: las paredes del fondo de la casa.
Caminaba por esas calles y sentía ahogo. Hace ya 25 años.
Las casas de los chupados. Así le decíamos
a los secuestrados y desaparecidos.
Es curioso pero
Ser chupado vuelve a ser una expresión que explica
algo, que da cuenta al menos de una sensación. Chupado,
sacado de manera violenta e intempestiva, (sin ley), de los lugares
de producción, excluido, desaparecido de algún modo.
Esta vez al influjo de este Terrorismo Económico, el Terrorismo
del Hambre.
Es inevitable pensar cómo seguir, cómo plantearse la ficción
ahora.
Cómo es el
arte que pueda representar esta nueva sociedad en fisura y que hace
del desequilibrio y la incerteza su forma natural de desenvolvimiento
y reproducción. Algo está cortado, algo que todavía
sólo se percibe. Sensaciones que todavía no terminan de
producir pensamiento.
Crisis de representación, o sea crisis política por excelencia,
aunque se verifique en esta decadencia económica basada a su
vez en la ausencia de justicia social, y en la corrupción, como
concepción ideológica y como hecho material.
Cómo dar cuenta de estas heridas.
Cómo representar estéticamente lo real en una sociedad
quebrada en su representación política.
Cómo escapar de la crónica realista y a su vez dar cuenta
de la realidad con certeza y precisión
Habrá que ver esta herida qué arte produce.
Vuelvo a sentir ahogo.
Beatriz Catani-
La Plata, abril de 2.002.